
"Sueño de Navidad"
1er Premio en el concurso “Cuentos de Navidad” Curso 2008-2009
Alicia Pividal Simón 1º ESO E
Aquella noche hacía mucho frío en el polo norte. Faltaba muy poco para nochebuena y Papá Noel y su señora estaban muy ajetreados leyendo las cartas de los niños y ayudando a los duendes a preparar y envolver los regalos.
Entre el montón de cartas de los niños, apareció una carta extraviada. Estaba fechada en 1997, habían pasado ya, once años de aquella Navidad. Era de una niña llamada Clara. Noel se inclinó hacia delante miró aquellas palabras escritas con cara de asombro. Aquella niña explicaba en una pequeña frase, pero con exactitud, lo que quería por Navidad, “quiero que papá vuelva a casa”.
Éste había desaparecido en el frente militar y meses después, lo dieron por muerto. Pero Clara no lo aceptó. Ella confiaba plenamente en que su padre estaba vivo. Pero, pasaron los años y su esperanza se transformó en desilusión. Ahora Clara tiene 14 años, vive sola con su madre en un pueblo situado en el valle de una montaña y al cabo de los años, al no recibir noticias de su padre se resignó a creer en la realidad.
Entonces la señora de Noel entró en la habitación y encontró a éste absorto en la
carta de Clara, sentado junto a la chimenea. Ella lo sentía triste.
- ¿Qué te ocurre Noel? Te veo un poco desanimado.
Dijo su señora, al tiempo en que se apoyaba en el hombro de Noel con suavidad.
- Nunca había encontrado esta carta. Esta niña ha tendido que pasarlo muy mal.
- Vaya, pobrecita…
- Tengo que hacer algo respecto a esto. Es tarde, me voy a dormir, tu también deberías hacerlo. Buenas noches.
Noel se levantó del sillón y besó a su mujer en la frente. Después abandonó la habitación.
Mientras tanto, Clara, tan solo quedan dos días para noche buena. ¿Qué piensas pedirle al amigo Noel?
- Mama, ya no soy una niña
- ¿Qué quieres decir con eso?
- Pues que tengo bastante claro que él no existe.
- ¿Pero quién te ha dicho eso? No quiero que vuelvas a decir eso nunca, más, cariño. No sólo hace falta ver para creer, es una cuestión de fé.
Clara se retiró sin decir nada y con lágrimas en los ojos.¿Por qué su padre no estaba con ella si Papá Noel realmente existe? Subió a su habitación y cerró la puerta.Abrió un cajón y cogió una foto de su padre. La miró y comenzó a llorar pensando en todo lo que no le dijo antes de que se marchara.
De repente, escuchó un golpe muy fuerte en el techo. Se asomó por la ventana y ante intriga, se arriesgó y gracias a la ayuda de un árbol subió al techo y allí vio a un anciano de gafas de culo de vaso, con ojos azules y regordete que se lamentaba del golpe que se había dado. Clara se acercó a ayudar al anciano con cuidado para no caerse ella también.
-¿Se ha hecho daño?.
- Bueno, un poco, pero no pasa nada. - Decía el anciano entre risas.-
- Disculpe, pero... ¿qué hace usted en mi tejado?
-Digamos que he caído del cielo.
Clara miró al anciano y se sumó a las carcajadas de éste.
- Bueno, ¿cómo te llamas, niña?
- Me llamo Clara ¿y usted?.
- Yo me llamo Noel. Encantado de conocerte.
-Igualmente. ¿No es de por aquí verdad?
- La verdad es que no, he venido a ver los paisajes de este hermoso lugar. Tengo que buscar un lugar en el alojarme durante estos días.
- Si quiere, puede quedarse en mi casa.
- ¿No le importará a tu madre?.
- En absoluto, todo lo contrario.
- Pues muchísimas gracias, Clara.
Los dos bajaron del tejado y Clara acompañó a Noel a la habitación en la que él pasaría los dos últimos días. Se dieron las buenas noches y Clara se fue a su habitación y Noel fue a la habitación de Elena. Cuando ella lo vio entrar sonrió amablemente.
- Hola, Elena. Cómo has crecido.
- Sí, la verdad es que ha pasado mucho tiempo desde que no te veo. Dime, ¿tiene tu visita algo que ver con Clara.
- Sí, aunque preferiría que no le digas quien soy.
- De acuerdo.
- En fin, lo que quiero es que digas la ciudad en la que estuvo tu marido antes de desaparecer.
- Estuvo, si no recuerdo mas, en París. Pero...¿por qué lo preguntas?.
- Gracias, Elena. Ahora me tengo que ir. ¡Hasta la vista!.
Noel se marchó de la casa, tenía mucha prisa y le quedaba muy poco tiempo.
A la mañana siguiente Clara se levantó y fue a la habitación de Noel, pero él ya no se encontraba en ella. Pero, sobre la cama había una carta dirigida de Clara. En ella él le daba las gracias por dejarlo alojarse en su casa y que tenía mucha prisa en volver a casa. También en ella, Clara observó una frase que le hizo pensar: “La esperanza es lo último que se pierde”. ¿Por qué lo diría?. En poco tiempo, Noel ya se hallaba en Paris y tras horas y horas de búsqueda por toda la ciudad, llegó a una casa pequeña y humilde y Noel estaba seguro de que allí estaba el padre de Clara. Llamó a la puerta y un hombre alto en buena forma, de pelo rubio le abrió la puerta.
- ¿Eres Álvaro?.
- Sí, ¿en qué puedo ayudarle?.
- Disculpa, pero sé de una persona que está sufriendo mucho por tu ausencia.
Noel sacó una foto de Clara y Elena.
Noel le guiñó un ojo y se echó a reír.
Mientras en casa de Clara y Elena, la joven no dejaba de preguntarse quien era ese tal Noel. ¿Por qué tuvo que irse?. Ese día transcurrió sin incidentes ni sucesos que pudieran alterar a Clara.
El día de Nochebuena cenaron tranquilamente como si fuera otro día normal. Después de un par de horas, se fueron a dormir. Y, cuando Clara entró en su habitación escuchó varios golpes que parecían venir de la puerta del balcón. Abrió la puerta y allí estaba su padre. No sabía que decir, no se lo podía creer. ¿Sería un sueño. Su padre la abrazó y le dijo que no llorara. Pero ello no lo pudo gritar. Le dijo lo que siempre quiso decirle y cuando miró al balcón, estaba Noel. Que le decía: “La esperanza es lo último que se pierde”. En ese momento Clara lo entendió todo. Y si la Navidad transforma en realidad todos los sueños y esperanzas cuando se tiene fe y esperanza en que todo los milagros, pueden ocurrir.
1er Premio en el concurso “Cuentos de Navidad”
Alicia Pividal Simón
1º ESO E